domingo, 19 de junio de 2016

Cataluña y democracia.

Todos sabemos que Artur Mas creó una cortina de humo con la independencia de Cataluña para tapar su deficiente gestión al frente de la Generalitat. Es obvio y creo que en esto hay unanimidad. Pero no hay unanimidad, y en esto discrepo de la gran mayoría, en el análisis de lo ocurrido después.

Siempre me mostré partidario, y buenas discusiones me valió este punto de vista, de la celebración del referendum de Cataluña. Por varias razones.

Primero. La gente tiene derecho a expresarse. A opinar. Es un derecho básico en democracia. No se puede defender lo contrario bajo la pobre excusa de que no podemos someter todo a referéndum. Pues claro que no. Pero esto no es cualquier cosa. 

Segundo. Hubiese sido un excelente barómetro (el mejor sin duda) para medir la realidad del sentir del pueblo catalán. Sin suposiciones. Tantos a favor, tantos en contra. Además, hemos cometido la torpeza de pensar únicamente en los proindependentistas. ¿Acaso el catalán que quiere permanecer en España no tiene el mismo derecho a ser escuchado?

Tercero. No era un referendum vinculante. Sobre esto poco hay que añadir. Un resultado a favor de la independencia no nos hubiese llevado a ella de inmediato.

Si hubiese salido más gente a favor que en contra, hubiese obligado a Mariano a sentarse a discutir sobre el asunto. Se hubiese dicho a Mas, mira, la independencia no la váis a tener mientras no consigáis una reforma de la Constitución. Pero vamos a articular un nuevo modo de administración territorial a fondo para vuestra (y no única, no nos olvidemos) particularidad. 

Y una política de altura nos hubiese llevado a enterrar tan viciado Estado de las Autonomías y a diseñar una nueva fórmula (estamos en el siglo XXI, por Dios) y a reformar a fondo el Título VIII de la Constitución. 

Y si hubiese salido el no, pues honestamente, creo que habría que haber hecho exactamente lo mismo. 

Pero no hay altura de miras en este asunto. Es algo a lo que nos negamos en rotundo porque una vez más nos pensamos que ignorar un problema que nos desborda es solucinarlo. Y además imponer una postura por la fuerza solo agrava el problema. Es muy probable que la negativa del PP en este asunto haya hecho aumentar el número de los independentistas previos a Artur Mas.

Franco mantuvo a los nacionalistas en el exilio. Nada de culturas, lenguas o identidades propias. Una, Grande y Libre por cojones, por la Gracia de Dios que leíamos en la cara de las pesetas. Pero cuarenta años de silencios impuestos por la fuerza no acallan, sino que avivan. Ya lo hemos comprobado. Y no solo en España, pensemos en Tito y Yugoslavia y el horror que derivó de aquello. 

Se llegó a un consenso hace cuarenta años para que tuviese cabida la diversidad española, algo que lejos de separar debería unir y enriquecer. En aquel momento el objetivo era enterrar odios y rencillas y reconocer las distintas identidades que nos caracterizan de un modo pacifíco. Ese objetivo se logró. Ahora hay que dar un paso más. Hay que limar las aristas que quedaron y dar soluciones actuales a problemas actuales.

Yo no puedo ser independentista de nada. Incluso puedo no entender los nacionalismos. Soy nacido en Madrid, hijo y nieto de madrileños. Soy fruto del centralismo imperante en España. Pero eso no me impide ser, ante todo, un demócrata, que debe reconocer el derecho a expresarse de quienes desean una realidad diferente a la mía. Y sobre todo, soy alguien que procura ser consciente de la realidad, me guste esta realidad o no.

Que no se haya permitido que la gente vote o que se utilice esto como argumentario para no llegar a un pacto de gobierno, es algo que a estas alturas me escandaliza. Pienso en Reino Unido. Los escoceses pudieron votar ¡Y su referendum sí era vinculante! Y hoy votan la salida de la Unión Europea. Prima la democracia sobre las consecuencias. Siento envidia. 

Por cierto, nada se rompe. El mundo no se para. La vida sigue. Basta ya de utilizar el miedo como arma inmovilizadora.





domingo, 6 de diciembre de 2015

Felicidades, Consti.

Hoy es el cumple de la Constitución. Nuestra tan traída y llevada, violada, prostituída y ultrajada Constitución. Yo quiero felicitarte.

Quiero felicitarte porque aunque ahora todos utilicemos tus defectos, que los tienes y muchos, como arma arrojadiza, te lo debemos todo. Nos ayudaste a recobrar la Libertad. Con mayúscula, sí. Parece que los españoles, más acaso que otros, tenemos una frágil memoria. Esa memoria que debería recordarnos que salimos de las tinieblas y que vimos una luz radiante llena de esperanza gracias a tí.

Nos reconociste derechos tan básicos, ahora tan infravalorados, como la vida misma, la igualdad de todos sin discriminaciones posibles, el bienestar, una justicia gratuita, tantas cosas. Nos diste ilusión, esperanza y el instrumento jurídico para que todo eso fuese una realidad. Tú misma estableciste mecanismos de control para salvaguardarte. 

Fuiste ese ingrediente de la salsa que consiguió emulsionar elementos tan diferentes que a priori parecían hacer imposible la receta de la concordia. Pusiste orden, democracia, modernidad, que tanta falta hacían. 

Por eso ahora me fastidia tanto que se vapulee de la manera en que se hace. Es cierto que hay que ponerte al día, sobre todo en materia de Senado y Administración territorial de Estado, y en más cosas muy probablemente, pero no hay que olvidar que si fuiste hecha así era para lograr consenso entre todos los ingredientes de esa salsa de la que hablamos. Ha pasado tiempo para hacerte un lavadito de cara, sí, pero no reneguemos de la importancia que has tenido en nuestras vidas.

Gracias a tí se puede defender la república, la independencia de una comunidad autónoma, la garantía procesal y la legalidad de los procesos contra terroristas o el matrimonio homosexual. Libertad de pensamiento y de expresión. La posibilidad de cambiar las cosas que la mayoría no desee. 

No olvidemos que quienes han estropeado tus logros, han sido los poderosos, los corruptos, lo s ambiciosos, los necios y los votantes que miran hacia otro lado una y otra vez. Son contra ellos contra quienes deben ir los ataques de los partidos emergentes. Esa Constitución de la que parecen renegar una y otra vez, es la que les ha permitido tener las vidas que han tenido, llegar donde han llegado y poder defender hoy las ideas que defienden. No deberían olvidarlo. Esa Constitución que fue cambiada en unas pocas horas para satisfacer los intereses de unos cuantos.

Tengo 47 años. Tenía justo 10 años cuando fuiste aprobada. Personalmente solo puedo estarte agradecido por los casi 40 años de paz que me has dado. Gratitud eterna a mi Constitución de 1978.

martes, 3 de junio de 2014

Abdicación

Hoy me han pedido mi opinión sobre la abdicación de Juan Carlos I. Y he dicho que tardía. Hace tiempo que hubiese sido oportuna, pero en todo caso, más vale tarde que nunca.

Empiezo por reconocer su papel. Sin duda ha sido clave en este país, y si obviamos las leyendas urbanas sobre lo que algunos insinuan que realmente ocurrió en febrero de 1981, creo que ha sido fundamental en la instauración y posterior consolidación de la democracia en la España posterior a la dictadura. 

Es cierto el eterno reproche de que su nombramiento se produjo por el dedo del dictador, saltándose el orden sucesorio, pues Juan de Borbón, su padre y legítimo sucesor al Trono, y el Caudillo no se podían ni ver. Pero no menos cierto es que Juan Carlos renunció al poder absoluto, cediendo la soberanía al pueblo, que es quién debe residir. Aunque realmente tampoco creo que tuviese otro remedio. Ni aceptando ser el sucesor de Franco, ni su posterior renuncia al absolutismo.

Su función básica, según el artículo 56 de la Constitución española de 1978 es 
  1. El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes.
Le reconozco que ha sido un excelente Embajador de España en el mundo. Creo que la ubicación de España en las Instituciones Internacionales se debe en gran parte a su papel. No olvidemos (y los más jóvenes o lo olvidan, o, quizá, no lo han sabido nunca), que España se mantuvo aislada internacionalmente casi los cuarenta años de la dictadura.  Y también un magnífico arbitro y moderador de las instituciones. Pero es que prácticamente aquí comienzan y terminan sus funciones.

En el resto de sus funciones, carece absolutamente de autonomía. Y ni siquiera es responsable de los mismos. Artículo 64.

    1. Los actos del Rey serán refrendados por el Presidente del Gobierno y, en su caso, por los Ministros competentes. La propuesta y el nombramiento del Presidente del Gobierno, y la disolución prevista en el artículo 99, serán refrendados por el Presidente del Congreso.
    2. De los actos del Rey serán responsables las personas que los refrenden.

Aunque cuando hoy ha afirmado en su discurso que ha dedicado su vida a servir a España, tampoco lo pongo en duda. Estoy convencido de ello. Así pues, con luces y sombras, con errores y aciertos, me parece justo agradecerle los servicios prestados a la nación, por cierto, generosamente remunerados.

Pero también es cierto que la prensa y la Casa Real han mantenido durante décadas un pacto de silencio, a fin de no airear las pequeñas miserias de Zarzuela, que, como dicen los ingleses, toda casa guarda un cadáver en el armario. No hay familias idílicas, y la Real tampoco escapa a este hecho. Pero nos hicieron ver que era una familia perfecta, intachable, y cualquier rumor sobre las escapadas del Rey, por ejemplo, se justificaban con un 'es un Borbón'. 

Pero cuando la prensa se cansó, fundamentalmente a raíz del caso Urdangarín, dejó al descubierto que la perfección de esta familia no era tal. Cazas de elefantes, divorcios, amantes, yernos chorizos... y España, que como se decía era más Juancarlista que monárquica en sí, achuchada con una crisis económica provocada por abusos y corruptelas, empezó a abandonar el idilio vivido. Es decir, los españoles dejamos de pasar, de mirar hacia otro lado. 

Pero no soy monárquico. No es una cuestión personal con esta familia en concreto. Me dan igual los Borbones, que los Austrias, que cualquiera otra. No soy monárquico por un sólo motivo. Único, sí, pero suficiente. La legitimidad para ostentar la Jefatura del Estado en una democracia, no puede residir en el devenir hereditario. Que tu padre haya sido rey no me legitima a mí para serlo, por más que haya sido preparado desde niño para sustituirlo algún día. Sólo faltaba lo contrario.

Hoy me han utilizado esta argumentación para defender la Monarquía. No me basta ni por asomo. La labor institucional de la jefatura del Estado está muy delimitida en el Título II de la Constitución. Y este trabajo puede desempeñarlo de igual modo un Presidente de República. Si la fórmula es válida para Estados Unidos (en este caso el Jefe del Gobierno es el Jefe del Estado), Francia, Alemania y un largo etcétera de países, los más desarrollados del mundo, por cierto, es válida para nosotros. 

La grandeza de la democracia es que cualquier ciudadano pueda optar a ser Jefe del Gobierno o Jefe del Estado, o ambas cosas al tiempo, como el caso norteamericano. Si el Jefe del Ejecutivo es escogido por sufragio, no veo motivo para el Jefe del Estado no lo sea. Es el mismo caso. 

Hablar de República no es hablar del demonio. Es hablar de una forma de Estado que sólo cambia en la forma de su cabeza rectora, nada más. Más democrática, más justa, y me atrevo a decir que más económica. Temporal, finita. La perpetuidad es peligrosa en cualquier forma de poder. Y por supuesto, enterremos la inviolabilidad. Si un Jefe de Estado delinque, que pague por ello.

Es un momento clave en que los españoles demandan cambios. Profundos, serios. Las elecciones europeas han arrojado unos resultados que ha puesto en guardia el bipartidismo y a la vieja partitocracia, que es realmente la auténtica forma de estado de este país. El español está harto del abuso. De pagar las juergas, lujos, caprichos, desmanes y desmadres de los mismos que, con toda su desfachatez, nos piden sacrificios y ajustes. 

Es un momento donde hay que revisar numerosas cuestiones. En 1978 aceptamos una serie de cuestiones y ambigüedades constitucionales para lograr un consenso que acallase el miedo a una nueva guerra civil, aun sangrante en las almas de muchos españoles. Pero en 2014 hay que hacer revisiones. Territoriales, jurídicas, políticas, económicas... y por qué no, someter a revisión la forma de Estado.

Es una buena oportunidad. Demos por bueno lo vivido y el camino recorrido. Pero miremos al futuro y no tengamos tanto miedo a los cambios. Cambiar un texto constitucional no es el fin del mundo. Gracias a los cambios, hemos olvidado ya una autocracia de 39 años.

viernes, 11 de abril de 2014

Que hartura, por Dios...


Por supuesto que estoy hasta los genitales de los descerebrados que siguen preocupados por los homosexuales, por el matrimonio homosexual, por el sexo en general y en definitiva, por no vivir ni dejar vivir.

La última perla es la del Obispo de Málaga, de cuyo nombre no me da la gana acordarme, que compara (no es el primero) el matrimonio entre homosexuales con el hipotéticamente celebrado entre hombres y perros y demás lindezas. Agrego el link.


Pero en esta vida siempre ha habido idiotas, y eso ya no me asusta, aunque en este tema y  a estas alturas de la película me cargue.

Lo que me parece intolerable, no es ya que este señor sea Obispo, que allá ellos y sus seguidores (a quienes con todo mi respeto, cada vez entiendo menos), sino que el Obispado emita un comunicado en el que aclara que las palabras de este señor han sido malinterpretadas, y que nada tiene contra los homosexuales.

Es decir, primero me comparan con un perro y después me llaman idiota por haber entendido lo que he entendido, que no es otra cosa que lo que se ha dicho. 

Pero Dos mil años de existencia, millones de seguidores en el mundo y el gobierno de mi país les avalan, y contra eso no se puede luchar.

Por cierto, deliberadamente el link no es de un diario de izquierdas ni de enseña estatal, no se me vaya a acusar de partidista.

martes, 1 de abril de 2014

Miedo

El miedo es el arma más poderosa. El miedo ha sido utilizada siempre como elemento persuasivo para el ejercicio del poder. 

La Iglesia Católica ha utilizado el miedo al infierno y a Satán durante 20 siglos para someter a millones de personas bajo su control y garantizarse su supervivencia. Y es obvio que lo han hecho muy bien hasta ahora.

Emperadores, Reyes absolutos y Dictadores usaron el terror, para ejercer sus autorquías sin límites.

Actualmente, aún en las democracias, surgen nuevas formas de utilizar el miedo. Las amenazas de las empresas a sus trabajadores, el  miedo de los mercados financieros a la ruina generalizada, las coacciones de los gobiernos en múltiples formas hacia sus ciudadanos para mantenerlos controlados... 

El  miedo en forma de chantaje emocional. El miedo a estar solos, a que no nos quieran, al rechazo. El miedo al fracaso laboral, al fracaso personal. El miedo a equivocarnos. El miedo a lo diferente a nosotros. El miedo se transmite como elemento inherente a nuestra educación de generación en generación.

El miedo es nuestro mayor enemigo. A menudo tenemos miedo de nosotros mismos, de lo que somos, de como somos. Y debemos romperlo, superarlo y no temer. El único temor que debemos tener es a no creer en nosostros mismos, a no arriesgar, al conformismo y al inmovilismo. 

Y hasta que no venzamos nuestros miedos, nunca avanzaremos ni personalmente, ni emocionalmente, ni colectivamente. Las sociedades se atascarán y el mundo se detendrá en ese punto en el que nos encontramos. Cuando el ser humano vence sus temores, el ser humano crece. Cuando las sociedades dejan de sentir pánico, avanzan hacia donde quieren ir.

Hoy todos tenemos muchos miedos. Venzamos el miedo. Yo estoy en ello.


domingo, 14 de julio de 2013

Principios.

Es lógico entender que en el entramado mundo en que vivimos, la realidad impide a los políticos cumplir con muchas de las promesas que hicieron, incluso aquellas en las que creyeron profundamente con todos los ideales sobre el tapete.

Los 'lobbies', esos innumerables grupos de presión, cada vez más numerosos y poderosos, son quienes realmente rigen el destino de nuestras vidas. Es algo sabido y asumido, por más que nos duela. Y si ha habido un ejemplo reciente de dirigente idealista sometido a los grupos de presión, sin duda es Barack Obama.

Pero Obama tiene principios, los mismos que le han impulsado enfrentarse a los Republicanos e incluso a pactar con ellos para sacar leyes fundamentales en su programa electoral como un sistema sanitario universal. 

En Alemania o Reino Unido, hemos tenido recientemente casos de políticos de primer orden y máximas responsabilidades que han renunciado a sus cargos por verse envueltos en escándalos de viersos tipos. Eso son principios. Lo de menos es si se es culpable o no. Un político honesto no puede servir al pueblo con la sombra de una sospecha tras la espalda.

Aquí nada de eso. No importa el interés general a la hora de pactar un plan de emergencia nacional como el que debería existir en este país hace años para salir adelante. No importan los ladrocinios de la banca, la responsabilidad de los poderosos que han provocado el desahucio de las familias (la gente ha perdido su casa mientras Blesa está fuera de prisión) y poco importan seis millones de parados. Importa que yo soy el bueno y tú el malo.

No quiero referirme a las políticas de derechas, que por cierto, como si de un embarazo se tratara, me provocan cada día más nauseas. Quiero referirme a la poca clase de los dirigentes políticos, de uno y otro lado, de este país. Porque un político puede no tener la vergüenza y decedencia de dimitir. Pero su partido debe obligarle a ello. Y el partido que en vez de utilizar el falso argumento de 'el otro es peor' asume que 'hemos detectado la sospecha de una irregularidad, y hemos decidido aceptar la dimisión de fulantito...', ese partido ganará votantes. Del mismo modo que impera la disciplina de partido, debe imperar una ética de partido.

Y sí, lo dicho lo hago extensible a los ERE en Andalucía, nadie podrá acusarme de parcialidad. Por supuesto que los implicados deberían estar fuera del PSOE mientras de aclaran los hechos. Claro que por mucho que lo intenten, no es comparable a la complicidad de un Presidente de Gobierno con quién facilitó sobresueldos a todo un partido y aceptó sobornos en nombre de este a empresarios y constructores para conseguir obras públicas (a quién ha abandonado a su suerte, por cierto).
 
Si después de los sms el Presidente del Gobierno no se marcha, se abre la puerta al todo vale, en lo que me temo será un camino sin retorno. Esto ya no son simples fotocopias.

Por mucho que el señor Marhuenda lo defienda a muerte y por mucho que los votantes del PP lo justifiquen, acontecimientos como este hacen que la democracia se vista de luto y que los que queremos creer en ella caigamos en la más profunda de las depresiones. Estos políticos actuales están mancillando el proceso constituyente del que debemos sentirnos tan orgullosos y la transición de consenso que ha servido de ejemplo a tantos otros. 

Son una vergüenza y un insulto a los españoles.


jueves, 7 de febrero de 2013

No pasa nada.

Seré breve. 

6 millones de parados. No pasa nada. 

Banca que ha recibido dinero del Estado por la mala gestión derivada de su avaricia, y que lo paga desahuciando a gente desesperada y sin conceder un préstamo a particulares ni pymes. Banqueros que hunden inversionistas recompensados con puestos en multinacionales. No pasa nada.

Corrupción a unos niveles de disparate, que ponen de manifiesto que quienes han hundido el país tienen sus riñones bien cubiertos. Administraciones centrales, autonómicas y locales pringadas. Caciquismo y feudalismo a todos los niveles. Despilfarro a espuertas cuando los españoles empiezan a tener hambre. No pasa nada.

Recortes en educación, sanidad, investigación y desarrollo, a pesar de ser el puntal de cualquier nación. Tienen en contra a los profesionales de todos los sectores del país, incluyendo la administración de justicia. No pasa nada.

 Subidas de impuestos, de transportes, de luz, de combustibles, de elementos básicos para el ciudadano. Axfisia total. Miembros del Gobierno implicados en sobres de dinero b, la Comunidad de Madrid quiere privatizar la sanidad para que sus amigos se forren con su gestión, el pueblo sin poder respirar y Alemania pidiendo más recortes a los españoles. No pasa nada.

La Iglesia sigue llevándose una partida fantástica de los presupuestos generales del Estado, la Corona nos cuesta un riñón mientras el yerno se cubre el otro. El antiguo Presidente de la Patronal, Díaz Ferrán, nos dijo que teníamos que trabajar más y ganar menos para que el se lo pudiese llevar a Suiza. No pasa nada.

No puedo seguir porque me agoto y me deprimo más de lo que ya lo estoy.

¿No es hora de que pase algo en serio?


miércoles, 9 de enero de 2013

A mi amigo.

El otro día me recordaste, al presentarme a una amiga tuya, que hace 23 o 24 años que nos conocemos. Eramos dos estudiantes universitarios de la facultad de derecho (de la buena, la Complutense, por supuesto) de apenas 20 años. Dos jóvenes comunes, normales, con ilusiones, alegria y ganas de vivir y por supuesto, de experimentar.

Aparte de ser uno de los pocos amigos que conservo de hace tanto tiempo, eres mi primer amigo homosexual. Y sin duda conocerte fue clave para conocerme a mí mismo y aceptarme tal y como soy. Me ayudaste a darme cuenta de que ni era un bicho raro por ser gay ni era, ni mucho menos, el único, y me demostraste simplemente siendo como eres, la falsedad de todos los perjuicios e ideas preconcebidas sobre el asunto, machaconamente transmitidas de generación en generación y de las que, inevitablemente, yo era víctima en primera persona. Y es que nuestros tiempos, eran otros tiempos.

Haber tomado en su momento las riendas de mi vida y situarme en el lugar en el que siempre debí estar, mi salida del armario y decidir ser coherente con quién soy, sin tapujos ni tabúes ni, lo más importante, sin temores, lo debo a tí en gran medida.

Un mes de enero, nada más llegar de las vacaciones de Navidad, me contaste ilusionado que habías conocido a un chico muy majo. Un chico de León, pero residente en Madrid. Y empezastéis a salir. Y me lo presentaste. Y me presentaste a tus amigos. Y me permitiste entrar en tu círculo y, en definitiva, me invitaste a formar parte de tu vida.

Y 21 años después de conocer a ese chico tan majo que por fín este año se ha convertido en tu marido (formalmente, porque obviamente ya lo era hace muchas lunas), hemos sido testigos de muchas cosas. Mis relaciones sentimentales, los primeros trabajos basura, nuestros sueños compartidos, el estreno de vuestra casa, el de la mía, vuestra marcha a Sevilla, mi 40 cumpleaños...

Y ahora he tenido que acompañarte en el suceso más triste que hayas tenido que vivir hasta ahora. Y te he visto sufrir y llorar. Y sé que cuando me toque, que me tocará por Ley de Vida, allí estarás tú, apoyándome y alentándome. Y es que la amistad es amor y tu y yo nos queremos por muchos años que pasen. Y que la vida es eso, compartir momentos buenos y malos. Y que aunque nos separen los kilómetros seguimos tan unidos como siempre. Y eso es lo que cuenta, ¿verdad?.

Y dicho todo esto, sólo quiero añadir la felicidad que siento al ver el cariño y apoyo que siempre te da tu marido, y su familia, que hizo un montón de kilómetros desde León en un día de espesas nieblas para acompañarte en tu dolor, y el cariño recíproco que los tuyos le dan a él, como no puede ser de otro modo. 

No necesito decirte lo que siento lo ocurrido porque es ahondar en lo obvio. No necesito decirte lo feliz que me hace ser vuestro amigo. Y no necesito decirte lo orgulloso que me siento de esta familia de dos miembros. Pero aún no siendo necesario quiero hacerlo. 

Y aún nos quedan muchas cosas por compartir. Buenas y malas claro, pero es la vida. Ahí estaremos.

jueves, 22 de noviembre de 2012

¡Y se armó el Belén!

Vaya, esto de la fé cada día es más complicado. Toda la vida poniendo a la mula y al buey en el portalito de Belén que montamos en casa, y ahora S.S. Benedicto XVI nos dice, como quien no quiere la cosa, que nunca hubo mula ni buey en el portal en el que nació el niño Dios.

¡Que chasco! Esto me recuerda a años atrás, cuando Juan Pablo II nos aseguró que no existía el Infierno. Luego Benedicto XVI le desmintió. ¡Cuanta contradicción! Veinte siglos dando el coñazo con el rollito y amenazando con las calderas de Pedro Botero y resulta que ahora los Papas no se ponen de acuerdo y que el asunto no está claro. 





Y yo claro, que fui un niño de mi época, que hizo la Comunión, que fue a Catequesis, que se confirmó y que estudió religión en el cole, pues claro a mis casi 44 estoy hecho un lío, porque me asaltan muchas dudas.

Una de ellas es como reciben los Papas estas informaciones tan reveladoras. Yo los imagino como al Presidente de los EEUU, con un teléfono rojo en el despacho en linea directa con el más allá. Supongo que con San Pedro, que es a quién sustituyen en el cargo. El teléfono suena, y San Pedro les dice, 'oye Bene, que lo de la mula y el buey es una leyenda urbana, coño, que ya esta bien de rollo después de 2000 años'.

Porque claro, estos cambios bruscos de pensamiento tienen que venir de fuentes fidedignas. Lo que me desconcierta son las contradicciones sobre el infierno. Supongo que en el Cielo habrá prensa de diversos colores y que será mas o menos como si la noticia la da 'El Pais' o la da 'La Razón', que hablan de lo mismo pero nada que ver.

Así que desconcertado me encuentro. Los que tienen que estar realmente jodidos son los fabricantes de Belenes, porque claro, soltar este shock mediático justo antes de la Navidad, no parece muy oportuno por parte de la Iglesia. Claro que a eso ya nos tiene acostumbrados, ¿verdad? 

Yo de todos modos y aunque sólo sea por fastidiar, me casaré con un hombre y mantendré al buey y la mula en mi Belén. Y si no les parece bien, pues que me llamen por teléfono.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

14N

Hoy es 14 de noviembre de 2012. Me he unido a la Huelga General y he asistido a la manifestación. Me siento orgulloso de ambas cosas.

He crecido en el Estado de Bienestar. Sin hacer nada por mi parte, he gozado desde que te tengo uso de razón de unos derechos civiles, sociales y económicos que mis antepasados lograron para que mi generación, y las venideras, pudiéramos disfrutarlas. 


Todos los derechos que hoy consideramos básicos has sido logrados a lo largo de la historia con el esfuerzo, lucha, sudor, sangre y lágrimas de mucha gente. Y hoy estamos asistiendo a su desmantelamiento.

Es justo que ahora me movilice por no perderlos, por las generaciones presentes, por las futuras y por respeto a quienes las consiguieron y nos las entregaron. Es una mera cuestión de responsabilidad. Incluso de gratitud.

Todos los días previos al 14N he oído que no sirve para nada, que cae en saco roto, que no vale la pena arriesgar. Si la vale. Desde la abolición de la esclavitud, la igualdad de los negros, pasando por la equiparación de la mujer al hombre, el logro de una jornada máxima de trabajo o el día de descanso semanal, hasta llegar al más reciente matrimonio homosexual, no se han conseguido desde el sofá de casa. Se han ocupado otros, eso es lo que ocurre, y nos hemos beneficiado todos los demás. Pero quienes lo hicieron entregaron sus vidas, unas veces temporalmente y otros incluso carnalmente.

Pero vivimos el momento más crítico de la Historia de España desde el restablecimiento de la democracia (digo restablecimiento porque aunque a algunos les escueza ya hubo en la II República) y nos toca a nosotros. No se trata de hacer heroicidades, se trata de protestar, de decir basta ya a los abusos, de que el pueblo recupere el poder soberano que constitucionalmente le corresponde. Y el coste que pueda conllevar será a corto plazo, a momento inmediato, pero el coste de no frenar esta situación tendrá efectos durante décadas.

Y queramos o no, sólo hay una forma legítima de hacerlo. Hay otras, pero desde luego no tan legítimas. 


martes, 25 de septiembre de 2012

Miedo.

Aún no he visto las noticias de televisiones ni periódicos, pero si he recorrido un twiter en ebullición. Parece que la Policia ha arremetido con desproporción hacia los manifestantes. No es de extrañar.

No es de extrañar, porque la derecha siempre zurra. Con los medios de que disponga a su alcance. Y ahora los tiene todos. Y no es de extrañar porque la clase política mayoritaria tiene miedo. Miedo de perder sus privilegios y miedo del hartazgo de un pueblo asfixiado, maltratado y estafado.

Yo no lo soporto. No soporto estas decisiones políticas encaminadas a seguir forrando a las grandes empresas y a la banca, a mantenerse en el poder el mayor tiempo posible, en satisfacer los deseos de Alemania e, inexplicablemente, en hundir cada vez más al país. No soporto este bipartidismo enfermizo que se autoalimenta para perpetuarse en el poder.

No soporto los recortes en educación y sanidad, ni las subidas de IVA, de transportes públicos, de luz y gas, de combustibles, de productos básicos, ni las reformas laborables que tan sólo benefician los despidos... son las políticas que hacen por nuestro bien. No soporto que permitamos que nuestros jóvenes se marchen. No soporto tanta tomadura de pelo.

Pero tampoco soporto a ese ciudadano parado que vota a la derecha como panacea de sus males. ¿Qué esperabáis? La derecha en el mundo defiende el neoliberalismo, y el neoliberalismo no defiende ni al obrero básico ni siquiera a la clase media. A ver si nos enteramos de una vez. 

Espero que las protestas vayan a más. Terribles dictaduras han sido abatidas en la 'Primavera árabe'. Cuidado, que torres más altas hemos visto caer. Miedo. Tienen miedo. Que lo tengan.


Foto de Reuters sacada de www.rtve.es



miércoles, 4 de julio de 2012

Clímax

La oscuridad era casi absoluta. Silencio, tan solo roto por la respiración de la persona que estaba junto a mí, cuyo ritmo se iba acelerando mientras apretaba más y más mi mano. Las pulsaciones aumentaban y la tensión arterial subía un par de puntos. Cuerpo a cuerpo, cada vez más cerca, más pegados. Podía percibir el aroma de su piel y su proximidad facilitaba que su pelo me acariciara la cara. La excitación iba 'in crescendo' mientras empezaban a escurrirse las primeras gotas de sudor por nuestros rostros. Los finísimos vellos iban erizándose y los músculos se iban tesando. La segregación de adrenalina estaba llegando al máximo y de repente... el climax se apoderó de nuestros cuerpos y nuestras mentes...

El asesino disparó sobre su cuerpo y ¡sorpresa! No era el mayordomo. Inimaginable. 

The End. 

Y de nuevo se hizo la luz. 

martes, 19 de junio de 2012

Al final como en casa, en ningún sitio.


No puedo dormir, no se por qué. Últimamente me ocurre, no por preocupaciones, que las tengo, como todos, sino porque me temo que ya no soy un joven que duerme en cualquier lugar y bajo cualquier circunstancia, como antaño...

He puesto la televisión y estaban poniendo un capítulo de 'Españoles por el mundo'. Este tipo de programas que han conseguido que los españolitos nos sintamos unos auténticos pringados. Uno se siente un fracasado y no para de pensar ¿Qué he hecho con mi vida, que ese tio está ahí y yo estoy aquí? 

Destinos para todos los gustos. Playas, montañas, valles, desiertos, grandes capitales. Países de los cinco continentes, de ambos hemisferios. Seas como seas encontrarás un destino que te agrade. Profesiones de todo tipo: Médicos, arquitectos, empresarios, cocineros, monitores de esquí acuático... Todos con aparentes vidas perfectas. 






Si a ello le sumamos la crisis que nos azota, y que desear lo ajeno y no valorar lo propio es muy español, el sentimiento de vida perdida se incrementa. Pues no. No estoy de acuerdo. Niego la mayor. No puede ser oro todo lo que reluce. 


Primero porque sus vidas estarán llenas de problemas y pequeñas miserias como las nuestras. Como las de cualquiera. No hay vidas perfectas. Ni destinos perfectos. Y segundo porque tenemos un país increíble, tan variopinto en su esencia, en sus orígenes, en su cultura, en sus lenguas, en sus paisajes, en sus caracteres que bien podrían ser un montón de distintas naciones en una sola... 

No necesitamos emigrar para disfrutar de un gran país. No necesitamos buscar playas paradisíacas, ni montañas nevadas ni verdes valles, ni ciudades magníficas, porque tenemos de todo eso. Tenemos sol, tenemos lluvia, tenemos folclore, tenemos cultura, tenemos gastronomía, tenemos alegría y sentido del humor como nadie. Somos romanos, celtas, árabes, judíos, latinos, mediterráneos, fenicios. Somos altos, bajos, rubios, morenos. Tenemos mar y tenemos desierto. Lo que necesitamos es convencermos. Creernoslo y defender lo nuestro. Algo que nunca hemos sabido hacer los españoles. Solo cuando ganan la roja, Nadal o Alonso nos reconciliamos con nosotros mismos. Craso error.


Ya sé, ya sé. Sé lo que estás pensando. Pero aún estando de acuerdo contigo, me ratifico en lo dicho.


Otra forma de amar.

Cuando M. fue a conocerlo antes de decidirse a adoptarlo, fue amor a primera vista. Se abalanzaron uno hacia la otra y no hubo lugar a dudas. Bastó compartir unos minutos para saber que ambos se habían encontrado. Decidido. Tras arreglar los siempre engorrosos protocolos legales, antes de lo que pensaban ya estaban juntos en casa.

No buscaban tanto recibir amor como poder darlo. Ambos se dan ese cariño sólo comparable al que hay entre madre e hijo y que se alimenta con el día a día. Pasado un tiempo, el cambio físico de T. fue espectacular. Engordó unos kilos, inmaculadamente aseado, pelo estilosamente recortado y peinado, estaba irreconocible. Todo el mundo lo decía. Han bastado unos meses para que parezca otro. 

Ella encontró una forma de cariño que desconocía y que jamás hubiese imaginado tan plena. De hecho, en el pasado nunca entendió a aquellas personas que habían vivido la misma experiencia y que la calificaban de maravillosa y satisfactoria, a pesar de los sacrificios que conlleva esta responsabilidad. Ahoro no sólo les entendía, sino que estaba orgullosa de haber dado ese paso. Descubrió una nueva forma de amar insospechada hasta la fecha.

A él simplemente le salvaron. Le dieron esa oportunidad que hasta el momento le había negado la vida, que debió ser dura como mostraban sus gestos de temor a ser golpeado tras una regañina de M. Porque a pesar del amor y del cariño, hay que educar y regañar. Pero T. había sido una evidente víctima de maltrato.

Ambos se han convertido en dos seres que se buscan y se necesitan. Se intercambian cariño, gestos, compañía. Ella le cuida con todo su amor y el responde con el más sincero de los agradecimientos.

M. ha sufrido mucho en los últimos tiempos, pero también ha aprendido mucho de la vida y de sí misma, y ha sido capaz de resurgir de la tristeza y hacer frente a la visa con valentía. Y aunque todos los que la queremos la hemos apoyado incondicionalmente, nada hubiese sido lo mismo si su perrito Tino no hubiese entrado a formar parte de su vida. Así que a Tino le debemos haber devuelto la sonrisa y la ilusión a M. Y aunque Tino se ha convertido en un marquesito consentido, sabe ser agradecido y corresponder en tan justa medida. 

Gracias Tino.

miércoles, 13 de junio de 2012

La Luna.

Intenté dormir pero era imposible. Su fulgor invadía mi habitación y por más que me diese la vuelta en la cama de espaldas a la ventana, la luz se reflejaba en las paredes como en un espejo. La Luna llena quería decirme algo y su insistencia me estaba desvelando. 

Es cierto, podría haber bajado la persiana y asunto arreglado, pero su llamada tiene ese efecto hipnótico que te impide esquivarla. Me preocupaba no poder dormir y que el despertador me aporrease los sentidos sin haber descansado lo suficiente. Pero entonces advertí que estaba confundido.



No debía esconderme ni rehuirla. Había que sentirla, que mecerse en ella, permitirla que acariciase mi piel desnuda semioculta entre las sábanas. Y así, dejé que me acunara mientras la permitía ser testigo de mis más profundos sueños. Sin darme cuenta la Luna y yo éramos uno compartiendo experiencias oníricas cuyos secretos jamás desvelaría. 

A veces la vida es como la Luna. En apariencia nos incomoda pero a menudo es una llamada de atención de que lo que nos espera es algo grande. Una incómoda senda que conduce a un vergel de sensaciones y experiencias sin las que nuestra vida acaso carecería de todo su sabor. Y recorrer el camino con ilusión y optimismo, dejándonos llevar por la llamada del destino, arriesgando, peleando y paladeando, es la única vía de una existencia plena y en paz.

Hay otros caminos, otros puntos de vista y otras opciones, faltaría más. Pero hoy por hoy y por más que algunos se empeñen, no echaré la persiana sino que seguiré meciéndome en la Luna. 

Necesito soñar despierto y necesito vivir soñando. 





sábado, 12 de mayo de 2012

Gracias.

Vivimos tiempos convulsos. Crisis sin precedentes, descréditos, desesperanzas. Ponemos en tela de juicio el sistema, la autoridad, nuestro gobernantes, todo aquello en definitiva que machaconamente se nos ha estado vendiendo como válido, como únicas opciones, como lo mejor o al menos, lo menos malo. 

Al malestar general se une en mi caso, un mal año, una mala racha, de esas que pasan, pero que mientras deciden abandonarte te van desanimando cada día un poquito más. Y aunque sigo pensando en lo afortunado que soy, que lo soy, no soy de piedra y los golpes me duelen como a cualquiera. Nada grave, o quizá sí, quién sabe el límite entre levedad y gravedad, acaso depende de cada uno, y es inevitable pensar que a tus 43 castañas no hay pata firme que sujete tu silla y sientes mareos y vértigos. Todo aquello que considerabas estable se torna endeble y te faltan manos y pies y dientes para sujetar lo que consideras fundamental y, sin saber el motivo, se va difuminando progresivamente hasta desaparecer.

Pero afortunadamente ahí están. Aquellas personas a las que de verdad importas y que siempre están. También hay otras que te sorprenden gratamente y que no contabas con ellas y que descubres que te ofrecen su apoyo y su cariño. Otros están lejos y la distancia les limita en la acción pero no en el cariño y la intención. Pero a estos me referiré en otro momento. También el caso contrario, las decepciones, los que presuponen que tú presupones que están pero que se relajan y echas en falta en momentos difíciles. Pero tampoco a estos quiero referirme. No sería justo pues en otros momentos si estuvieron. Y la familia, pero tampoco este es su momento.

Quiero referirme a mis cuatro gorditos. Por orden estrictamente alfabético David, Mar, Pablo y Rubén. Son mi segunda familia sin duda. Y gracias a ellos uno pierde el temor a las putadas que la vida te pueda deparar, porque vivo en el convencimiento de que con ellos nunca estaré desamparado, pase lo que pase. Lo mejor que se puede decir de los amigos es que siempre están. Y ellos siempre están. Sin pedirlo, sin condiciones y sin esperar nada a cambio. Están para cuando necesite, con uso y con abuso. Incluso aceptan un 'hoy no me apetece', lo que no todo el mundo entiende y acepta y que supone una de las mayores muestras de respeto. 

A mi madre siempre le preocupa que no viva en pareja, porque le asusta que me pase algo y piensa en la soledad como algo peligroso para mí. Pero mi madre puede estar tranquila, porque les tengo a ellos y tan sólo me separa una llamada de teléfono para movilizarles. No tendré hijos y ya no sé si pareja, pero sé que el día de mañana enferme o pierda el trabajo o mi casa les tengo a ellos. Y no me faltará un techo, un cuidado, un cariño y un plato en la mesa.

Ellos son el verdadero tesoro que acumula una persona a lo largo de su vida. Lo que te anima a tirar hacia adelante y lo que te impulsa a ser optimista. Y es que si bien la familia es un bien dado por la vida y por la fortuna (como la Monarquía, no pierdo ocasión) las amistades las labras tú, las eliges tú y te eligen a tí. Ese es el verdadero valor. Ellos conocen mis virtudes y mis numerosos defectos, mis miserias, mis alegrías, mis preocupaciones. Pero no sólo no juzgan sino que a pesar de todo ello te escogen y te quieren y te respetan. Eso es la amistad. Y eso es la familia adquirida. La segunda familia. 

Sois mi tesoro. Gracias en estos tiempos difíciles. 


sábado, 21 de abril de 2012

Pidiendo perdón.

Ayer me preguntaba una compañera de trabajo, el motivo de obligar al Rey a pedir perdón. Otra dijo que cualquiera puede ir de vacaciones donde quiera. No lo entendían.

Y yo dije lo que digo ahora. El Rey no es cualquiera. El Rey tiene que cuidar lo que hace. No es cuestión de que sea legal o ilegal, es cuestión de formas. Y es que si la mujer del César además de ser buena debe parecerlo, en este caso estamos hablando del propio César.

Esto no es cuestión tampoco de estar a favor o en contra de la monarquía. No es esto lo que quiero debatir ahora y además mi opinión es sobradamente conocida. Es cuestión de que el Rey se ha equivocado. Se esté a favor o en contra de la Institución, no se puede pedir a un pueblo azotado por la crisis económica que soporte cinco millones de parados, el combustible por las nubes, el copago sanitario (que lo negaron sobre la Biblia, pero como temíamos va a llegar en breve), los recortes en Educación, supresión de becas y subvenciones a las Pymes, incrementos en la presión fiscal, salarios de vergüenza... no se puede, decía, pedir a un pueblo que soporte todo esto mientras el Gobierno concede una anmistia fiscal a los multimillonarios y su monarca se va a cazar elefantes a África.

Es una cuestión de imagen, de respeto al pueblo, de mostrar la solidaridad del Rey con sus conciudadanos, que no súbditos. Con independencia de la opinión que me merece quién es capaz de matar a un animal por mero entretenimiento y encontrarlo divertido (tampoco este es el debate). 

El Rey tiene un papel constitucionalmente reconocido como representante del Estado y símbolo de su unidad y permanencia. Un papel que debe desempeñar con sumo cuidado. Por este motivo, los presuntos actos delictivos de su yerno son más graves que los mismos actos cometidos por un desconocido. No desde un punto de vista legal, pero si moral. La familia real debe ser ejemplar. Y no son capaces de serlo, es que no sirven para este trabajo, que a fin de cuentas, es lo que es. Es su empleo, su modo de ganarse la vida y su responsabilidad. Lo mismo me sirve para cualquier político. Aunque a estos, al menos, tengo la opción de no votarlos. 

Guardar las formas y los detalles está pasado de moda tanto en la vida pública como en las relaciones personales. Pero los gestos siguen siendo fundamentales en la vida, pues una buena actuación en el fondo puede verse enturbiada por un mal gesto.  Y si nos toca sufrir la crisis, no te pido que la sufras conmigo, pero que menos que pedirte que no hagas ostentación de riqueza mientras en mi casa no hay para comer. 

Agradezco su perdón. Este gesto si lo valoro. Pero su actuación ha sido de una torpeza de fabulosas dimensiones. Su hijo debería tomar nota. Le recuerdo que los españoles ya echamos a Alfonso XIII...

Pueblo con hambre, desempleo, desesperación, desigualdad, Reyes, Iglesia, Nobleza (empresa y clase política), ostentaciones... ¿Realmente estoy en 2012?



martes, 6 de marzo de 2012

Jefes

Ser jefe no consiste en estar remarcando continuamente su posición dominante ni en recordarte que eres un pobre diablo nacido para obedecer. Ser jefe no consiste en considerarse magnánimo cuando te hace la más mínima concesión humana. Ser jefe no consiste en esperar el asentimiento del equipo que está a sus órdenes a todo lo que dice. Ni en echar broncas insoportables.


Ser jefe consiste en saber gestionar los recursos de que dispone, incluido los humanos. En saber pedir responsabilidades y transmitir autoridad pero siempre con el debido respeto. Saber dar seguridad al equipo pero sabiendo escuchar, pues las ideas brillantes pueden estar alojadas en cualquier cabeza. Sólo hay que permitirlas aflorar. Ser jefe consiste en exigir esfuerzos en los momentos precisos pero también dando ánimos y reconociendo el mérito del esfuerzo y del trabajo bien hecho. 

El buen jefe prefiere que el personal enfermo se recupere en casa a que contagie a todo el departamento. El buen jefe entiende la naturaleza humana y que hay días mejores y otros peores en la vida de cualquier persona. Y sabe que cada uno somos un mundo, incluido él. El buen jefe sabe que un equipo que trabaja con buen espíritu es más eficaz que el que trabaja amargado. Sabe exigir sin maltratar. El buen jefe prefiere los resultados y la productividad frente al horario.

El buen jefe da la cara por su equipo, le apoya y le anima. El buen jefe saca lo mejor de su gente en lugar de resaltar lo peor.

¿Cuántos buenos jefes conocéis? 

domingo, 4 de marzo de 2012

Talento.

Este fin de semana he tenido la fortuna de ver Tartufo en el Teatro Victoria. Dirigida por Paco Obregón, ha conseguido una adaptación innovadora, fresca, moderna y divertidísima. Con tan solo una silla como escenario y un guapo saxofonista que para mí era el nexo de lo que allí ocurría, logró representar la magistral obra de Molière y hacernos disfrutar de lo lindo.



Todos cuantos allí estábamos, menos una señora del público con cara de espanto, que no daba crédito a lo que sin duda ella consideraba un destrozo del clásico, admiramos absortos a Dorina, la criada cabal y leal que se niega a asumir la ceguera de sus señores y que hace lo imposible por que reconozcan la realidad de Tartufo, personaje falso y siniestro.

Ana Gijón dio una lección de energía. Bailaba, se movía, gesticulaba una y otra vez y volvía a saltar, brincar y volver a gesticular. Sin histrionismos, error frecuente entre los actores y actrices. Y una lección de interpretación. Recitaba un texto imposible con una impoluta entonación, precisión y vocalización a una velocidad imposible. Incluso cuando Dorina no hablaba, Gijón estaba interpretando. Hasta el punto de que los ojos del público se apartaban del personaje que en ese momento tenía la palabra y se fijaban en lo gestos de Dorina. Esta chica habla sin hablar. Con sus ojos, con su cabeza, con sus manos, con todo su cuerpo. Nos hizo estremecer. 

¿Exagero? Id a verla y me lo contáis.

Cuando la obra terminó y abandonamos el teatro, no pude dejar de tener sentimientos encontrados. Por un lado el entusiasmo de haber disfrutado. Por otro, la zozobra que me da pensar que en esta vida la suerte juega un papel en exceso protagonista. Harto de ver malas profesionales sobre las tablas, en las carteleras o en programas de televisión, si Ana Gijón tuviese la suerte que merece, en breve estaría entre las grandes.

Ana tiene pasión y además nos la transmite. Salimos apasionados y enamorados de su forma de hacer y de hacernos sentir. Espero de corazón que tenga la suerte que merece y que en unos años pueda obtener el fruto de tanto esfuerzo. Poder vivir de su pasión, de su vocación. Algo que este país se empeña en impedir a sus jóvenes.

Por cierto, si queréis verla aquí podéis sacar las entradas: http://www.atrapalo.com/entradas/el-tartufo-_e57415/

Mucha suerte, Ana. La mereces. No pienso perderme ninguna obra en la que trabajes.

lunes, 13 de febrero de 2012

E.S. II

Impecable. Siempre impecable. Trajeado, perfectamente rasurado, elegante. Siempre con corbata y con los zapatos más brillantes que los de un militar. Algo más de un metro setenta, con gruesas gafas y escaso pelo blanco y un buen tipo para su edad.

Como todos los inteligentes, tenia un gran sentido del humor aunque un difícil carácter, implacable incluso, eso sí, perfectamente dominado por ella, su esposa, de mayor sentido del humor aún y que sabía llevarle como nadie tras cuarenta años de matrimonio. Cortante y distante en apariencia, nadie osaba tutearle y quién le trataba lo hacía siempre con gran respeto. Incluso anteponían el Don a su nombre, de modo inconsciente. Su prestancia invitaba a ello sin que te dieras apenas cuenta. Pero siempre un caballero.

Toda su seriedad la aparcaba cuando se trataba de sus nietos. Les preparaba juegos, les escondía los regalos de Navidad haciéndoles pasar pruebas que debían ir superando para lograr el deseado premio. Al pequeño de la familia le permitió licencias que jamás sus hijos hubiesen podido imaginar. Era la viva representación de un patriarca que cuidaba a su familia, pero manteniendo la prudencial distancia de quién no quiere interferir. Si le necesitabas le tenías, pero jamás se metía en los asuntos de sus hijos.

Era un tipo inteligente, de vasta cultura. Lector insaciable, gran conversador y mejor discutidor. Llegó lejos y no fue más allá por no renunciar a sus principios ideológicos. No era precisamente amigo de la Dictadura aunque tuvo que sobrevivir en ella, como tantos. Y sobre todo, siempre trabajador. Pocos hombres tan trabajadores y tan amantes de su trabajo. Jamás se jubiló. Siempre en su despacho, aferrado a su inseparable máquina de escribir y siempre arreglado por supuesto, como si en cualquier momento fuese a recibir la visita más comprometida. 

Supo fundir pasiones y profesión: la docencia y la gastronomía. Años después de dirigir la Escuela Superior de Hostelería y Turismo de Madrid, ingresó en la Real Academia de Gastronomía. Esa fue la última ocasión que vi a mi abuelo vivo: en su discurso de ingreso. Falleció en su despacho a los pocos días, trabajando como siempre. Se marchó en un suspiro. No llegó a tomarse el zumo de naranja que le estaba preparando mi abuela para merendar. Su corazón, su siempre punto débil, le fue infiel hasta el final.

El día siete de febrero se cumplieron 27 años de este día. Hoy quiero recordar el 'tecleteo' de su máquina de escribir y declarar mi orgullo de llamarme como él, como su padre y como el mío.